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La Serigrafía como medio de expresión artística

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Se puede hablar de serigrafía artística
cuando se trata de obras o diseños originales
que son seriados o multiplicados,
por lo general en volúmenes muy limitados
firmados y numerados con lápiz por el autor
para hacerlas mas exclusivas.
Si bien no es colectivo, el proceso de
hacer arte con serigrafía no es un trabajo
tan individual como el de la pintura o la escultura.

Además de proporcionar una experiencia estética o una interpretación de la realidad, el arte sirve como un registro de los tiempos que se viven; la forma de pensar, de actuar y de expresarse de generaciones enteras se refleja de cierta manera en la producción artística de la época. De ahí que constantemente surjan o se rescaten técnicas que pueden contribuir a la reproducción artística, o por el contrario hacerla más exclusiva.
Por otra parte, existen técnicas que aunque surgieron con otros fines, eventualmente ganaron popularidad en el mundo del arte, como es el caso de la serigrafía. Este método de impresión data del año 3000 a. C. y se cree que surgió en China para imprimir sobre seda. Por su alta calidad y anticipando la versatilidad que llegaría a alcanzar, los egipcios la usaron para la decoración de murales en templos y pirámides; en Europa se convirtió en un método de impresión de telas de tapicería, y fue en Estados Unidos donde se registraron las primeras serigrafías sobre papel en 1916, se trataba de carteles publicitarios de alta calidad que a la fecha han llegado a convertirse en piezas de colección.
Si bien el origen de la serigrafía artística es impreciso, las primeras aplicaciones gráficas fueron norteamericanas, entre los años 1906 y 1910, pero fue en 1907 que el británico Samuel Simon patentó un sistema de impresión esténcil con una pantalla de seda. A partir de entonces sobrevinieron perfeccionamientos a la técnica, John Pilsworth desarrolló un método de impresión multicolor y fue Anthony Velonis el artista plástico que le dio el nombre de serigrafía para diferenciar la aplicación artística de la comercial, conocida como silkscreen.
Por su prolífica obra, el estadounidense Guy Maccoy es considerado el padre de la serigrafía artística, pues entre 1932 y 1934 fue el primero en exponer en una galería sus piezas de 9 x 11 pulgadas, las cuales contaban con 40 copias cada una. De esta manera, la serigrafía tomó un gran impulso hasta convertirse en lo que es hoy: una de las técnicas de impresión más populares y versátiles en todos los sectores e
industrias.

Al servicio del arte
La incursión de la serigrafía en el arte no es ninguna novedad, artistas como Warhol, Miró, Gordillo, Saura, Canogar, Tàpies, Chillida, entre muchos otros llegaron a experimentar con esta técnica y realizaron muchas obras reconocidas hasta el día de hoy.
Aunque los principios básicos de esta técnica de impresión son los mismos en sus distintas aplicaciones, en ocasiones es necesario hacer algunas adecuaciones para obtener resultados específicos. Podemos hablar de serigrafía artística cuando se trata de obras o diseños originales que son seriados o multiplicados, por lo general en volúmenes muy limitados firmados y numerados con lápiz por el autor. Si bien no es colectivo, el proceso de hacer arte con serigrafía no es un trabajo tan individual como el de la pintura o la fotografía. Algunos artistas desarrollan su propia técnica e imprimen en talleres caseros, mientras que otros realizan sus bocetos en versión digital y acuden a un taller de serigrafía para la impresión.
La serigrafía comercial sigue el siguiente proceso: emulsionar la malla con bicromato y sericrom; exponer la malla a una luz que la “queme”, aplicar agua a la malla para secarla por medio de aire; encintar las partes no deseadas de la malla; hacer un registro de la posición de la malla respecto al sustrato para asegurar uniformidad en una serie; y finalmente imprimir el tiraje requerido. Como ya se ha mencionado, la principal diferencia entre la serigrafía comercial y la artística radica en los tirajes que se imprimen. Cuando se trata de una obra de arte los volúmenes son muy pequeños para hacerlos exclusivos; además de la firma del autor, suele usarse un sello por volumen de autenticidad que certifica la autoría de la obra. Por supuesto, como todo el arte, no es imposible de replicar, por lo que los artistas deben tener cuidado de hacerla reconocible o expedir certificados de autenticidad.

Además del tiraje, los artistas pueden llegar a hacer otras adecuaciones a la metodología, como suele ocurrir con las dimensiones. El formato más popular en serigrafía es de 45×60 o 60×80 centímetros debido a que el soporte más usado es el papel, el cual se trabaja con marcos comerciales que rondan estas medidas. Para no limitar el diseño, el artista puede elaborar sus propios marcos de madera con las medidas que requiera y de esa forma también se amplía la cartera de materiales que pueden usarse.
De la misma manera, las tintas juegan un papel fundamental en el proceso artístico de imprimir con serigrafía; esta técnica es muy conocida por la uniformidad de los colores que son muy brillantes y permiten mayor cobertura que la de otras técnicas. Sin embargo, el acabado mate que caracteriza a la serigrafía no es el único que puede lograrse, y son los artistas quienes más experimentan con la combinación de tintas. Por ejemplo, añadiendo una base transparente a una tinta traslúcida se pueden obtener acabados similares a los del grabado y la litografía o, si se prefiere, las tintas tricomías o tetracomías también logran este resultado. Incluso, muchos artistas usan tintas de grabado u óleo. La única condición es que las tintas sean fluidas y la densidad de la misma dependerá del tipo de malla que se utilice, así como la presión que se ejerza sobre el sustrato.
Aunque no existe ninguna generalidad, en serigrafía artística los marcos más comunes son los de madera con tamaños que van desde los 20×30, hasta los 70×90 centímetros en medidas estándar. Por supuesto, si el diseño así lo requiere, también pueden fabricarse marcos de más de un metro, aunque en aplicaciones de grandes dimensiones suelen usarse marcos de aluminio que son más ligeros. En cuanto a las mallas, la cantidad de hilos que éstas tengan dependerá de la tinta que se utilice y el diseño que se desee imprimir, siendo populares en esta rama las que poseen entre 70 y 150 hilos de telas como la muselina o el organdí.

Obras que perduran
Además de los artistas ya mencionados, existen muchos otros que han encontrado en la serigrafía el método ideal de expresión, Rafael López Castro, Vicente Rojo, Germán Montalvo, Tavo Santiago y Gabo Galicia, así como el cubano Nelson Villalobos y los españoles Leopoldo Nóvoa, Manuel Hernández Mompeó, entre muchos otros, contribuyeron en gran medida al reconocimiento de la serigrafía como una técnica artística que, además, puede ser tan redituable como la pintura o la escultura.
Hasta el día de hoy, Silver car crash (Double disaster) (1963) de Andy Warhol, sigue siendo la obra de serigrafía mejor valuada del mercado, subastada en 2013 por 105,4 millones de dólares. La obra está realizada con serigrafía y spray plateado sobre lienzo y mide 276.4 x 417.1 centímetros. El mayor exponente del arte pop también es autor de otras piezas que han roto marcas, como 200 One Dollar Bills, serigrafía valuada en 43,8 millones de dólares que mide 203.8 x 234.3 centímetros.

Mientras que Triple Elvis (Ferus Type) de Warhol se vendió en 81.9 millones de dólares, las obras de serigrafía del artista barcelonés Joan Miró están valuadas en 12 mil dólares aproximadamente; artistas como Villalobos, Novoa y Goyanes se cotizan alrededor de los 2 mil dólares; y los artistas emergentes comercializan sus obras a partir de los mil dólares.
Como es fácil imaginar, y como suele suceder en las artes, el precio de las obras no tiene una relación dimensión-costo ni se conecta de ninguna manera con la calidad; factores como el prestigio del artista, lo novedoso de su obra o su impacto social son motivos de mayor peso a la hora de valuar una obra en serigrafía.
Si bien una de las mayores bondades de la serigrafía es la variedad de sustratos con los que se puede trabajar, en el mundo del arte sobresalen las impresiones sobre lienzo o papel de distintos gramajes, siendo muy popular el estilo fabriano. La riqueza de la serigrafía en el arte radica en que, aunque el proceso básico es el mismo que en su aplicación comercial, los artistas desarrollan sus propias técnicas para personalizar su obra. Joan Miró, por ejemplo, agregaba a sus serigrafías una técnica conocida como carborundum, que consiste en adherir carburo de silicio a la tinta para conseguir un efecto pictórico. Warhol, por su parte, solía agregar pintura en spray previa o posteriormente a la impresión serigráfica para lograr variedad no solo en los colores sino en el relieve de los trazos. Guy Maccoy, el pionero de la serigrafía artística, también desarrolló su propio proceso; sus obras son reconocibles por los degradados y la variedad de transparencias que integra, lo cual lograba aplicando varias capas de tinta en ciertos elementos de la obra para dar la impresión de mayor luminosidad u oscuridad.
Las dimensiones de las obras son también muy variadas, tengamos en cuenta que se trata de obras de arte y los materiales y tamaños están supeditados a la creatividad y estética del autor. Desde Maccoy hasta Miró, las medidas de las obras eran mucho más estandarizadas y rondaban los 90 centímetros, mientras que artistas de una nueva corriente como Warhol, Steve Kaufman (perteneciente al movimiento pop art), llevaron la técnica a dimensiones mucho mayores que en ocasiones son equiparables a las de un mural pequeño.
Sin duda, cuando de arte y creatividad se trata, no hay nada escrito, las técnicas se modifican continuamente y también la forma de percibirlas. Particularmente hablando de serigrafía, éste sigue siendo un método muy popular y con un largo camino por explorar. Ferias como Estampa en Madrid, o SAGA en París dan cuenta de la importancia de la obra gráfica y su influencia en el arte contemporáneo.

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